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¿Quién es el Agresor?

A pesar de que a menudo se identifica al agresor con un individuo de carácter violento, alcohólico o drogadicto, o con psicopatologías, en la práctica, la realidad es muy diferente.

El agresor puede tener una conducta social bastante refinada e impecable, además de poseer una categoría profesional estable y elevada. Este no tiene rasgos particularmente diferentes de los demás hombres de la sociedad de modo que a simple vista no se podría identificarlo como tal.

La única característica común que tienen los diferentes agresores es el hecho de que mantienen o han mantenido algún tipo de relación afectiva-sentimental con la víctima.

Los rasgos de personalidad y de comportamiento considerados como factor común en los hombres que practican la violencia contra la mujer, son:

  • Identificación con la necesidad de demostrar el poder.
  • La dominación y la oportunidad de liberación de la rabia o frustración provocada o no por un déficit de su poder.

El agresor habitualmente presenta distorsiones cognitivas consistentes en pensamientos, creencias y actitudes machistas, entendidas básicamente como comportamientos dominadores y de privilegio y superioridad del hombre respecto a la mujer en diversos aspectos (económico, político, cultura, etc.). Suelen ser personas autoritarias en su propio entorno que internalizan valores típicamente tradicionales y arraigados, siguen un modelo viril que se basa esencialmente en la diferenciación total entre los sexos, en la fortaleza, en la autosuficiencia y en el control del entorno que les rodea.

El agresor suele ser una persona acomplejada que se siente inferior respecto a los demás de modo que utiliza el maltrato como la única forma posible de resolver conflictos o como medio para sentirse superior a su pareja. Al percibir cómo su violencia atemoriza a ésta, tienen un elevado sentimiento de poder que les proporciona una sensación de omnipotencia.

Cada vez con más frecuencia, ellos tienden a buscar repetidamente tales sensaciones como forma de desahogo frente a su impotencia en el mundo exterior, ya sea por los contratiempos en el trabajo, las humillaciones reales o imaginadas en el trato social, o por sus propios complejos, insuficiencias e incapacidades.

En su vida social son seres inseguros, que suelen crecerse en casa aumentando su violencia en proporción inversa a la apreciación de su propia impotencia en el mundo exterior. Con lo cual el maltratador tiene un comportamiento absolutamente dictatorial en la familia, no admitiendo ningún cuestionamiento de sus hábitos, gastos o decisiones, exigiendo obediencia y sumisión total e inmediata a sus órdenes, caprichos y deseos, expresados o imaginados con lo cual posee un estereotipo muy marcado del honbre cabeza de familia, dueño y señor de la casa y presenta un ideal de familia como una institución jerárquica donde cada miembro tiene asignado su papel y con ello una serie de deberes que deben ser cumplidos.

Por otro lado, en él hay una fuerte tendencia a considerar a la mujer como un ser inferior, presentando, por tanto, un alto componente misógino. Sus actitudes machistas hacen que marque muy claramente las diferencias con respecto a las mujeres, y que las relegue. De ese modo, considera normal y corriente la práctica de aventuras o relaciones sexuales extramatrimoniales lo que constituye un modo no sólo de demostrar su hombría sino también de despreciar y humillar a su pareja.

En general la mayoría de los agresores tienen una doble apariencia y desarrollan algunas habilidades específicas que les convierten en personas fuera de sospecha a cualquier tipo de agresividad.

Socialmente son personas afables que buscan la integración social, delante de otras personas, tratan a la mujer de manera exquisita - porque tienen conciencia de que esa será la mejor coartada a su favor - sólo manifestando la verdadera consideración hacia ella en el ámbito del hogar.

Lo más absurdo y más paradójico de eso es que, para mantener el orden establecido y para poder aceptar la agresión cuándo esta sale a la luz, la misma sociedad que considera normal cierto grado de violencia sobre la mujer necesita convertir al agresor en una persona anormal o portadora de algún trastorno mental lo tal que pueda justificar su comportamiento. En cualquier caso, vale la pena destacar que los factores comunes en los maltratadores son la masculinidad y la sexualidad masculina concebidas como sinónimas de poder; esas características, a su vez, son socialmente modeladas para ser opresivas y dominantes.

El agresor es una persona que no difiere psicopatológicamente del resto de los hombres.

Por otro lado, hay por lo menos dos ideas distorsionadas que presentan los agresores:

  • Atribuir a la pareja el origen del conflicto.
  • Negar o minimizar el comportamiento agresivo.

Así, los agresores recurren frecuentemente al uso de racionalizaciones para explicar su conducta violenta, culpando y responsabilizando a sus parejas de ponerles tan violentos y de obligarles a realizar ese tipo de acciones, a veces utilizan coartadas escudadas en el contexto cultural así como métodos de neutralización, además de que en muchas ocasiones muestran gran habilidad en desmentir lo ocurrido o disminuir su gravedad.

Características

  • Presenta distorsiones cognitivas consistentes en pensamientos y creencias misóginas.
  • Suele ser autoritario en el entorno familiar.
  • La idea de que la mujer es propiedad del marido y, por lo tanto, no tiene autonomía ni poder de decisión.
  • La idea de que la mujer es un objeto no sólo de placer sino también de expresión de odio, crueldad y venganza y sobre la cual estarían permitidos todos los tipos de abusos y humillaciones.
  • La (casi) certeza o quizás la convicción misma de la impunidad (norma penal) y del reproche social (norma moral). Con lo cual el hombre se siente personalmente legitimado y socialmente respaldado para cometer tales actos y, por lo tanto, lo planea con crudeza y frialdad.
  • Posee el estereotipo de hombre cabeza de familia, dueño y señor de la casa.
  • Presenta un ideal de familia como una institución jerárquica donde cada miembro tiene asignado su papel y con ello una serie de obligaciones a cumplir.
  • Por su rasgo autoritario y dictatorial, no permite ningún cuestionamiento de sus hábitos, gastos o decisiones y exige obediencia y sumisión total e inmediata a todas sus órdenes, caprichos y deseos, expresados y sin expresar.
  • Considera a la mujer como un ser inferior, presentando, por lo tanto, un alto componente misógino.
  • Como forma de mostrar su virilidad, desprecia y humilla a su pareja, al mismo tiempo, tiene aventuras o relaciones sexuales extramatrimoniales.
  • Suele adoptar modalidades conductuales disociadas denominadas por algunos autores como doble personalidad:
    • En el ámbito público se muestra como persona equilibrada y amable.
    • No se percibe en sus conductas nada que haga pensar en sus comportamientos de puertas adentro.
  • Muestra pocas habilidades sociales, lo que se traduce en un marcado complejo de inferioridad.
  • Suele depender emocionalmente de sus parejas.
  • Suele ser desconfiado.
  • Suele asegurar que el comportamiento de su pareja es el causante del acto violento, aunque, en ocasiones, miente negando que se haya producido o lo minimiza.

Mitos sobre el Agresor

Se puede decir que mito es una leyenda urbana, ya que estas son historias, sucesos, creencias que las personas tienen sobre un tema o aspecto especifico y lo creen por el simple hecho de haberlas oído una y otra vez, sin si quiera comprobar, investigar, lo que creen o piensan sobre algún tema en particular.

Giran muchos mitos, se hacen muchas leyendas urbanas alrededor del "agresor". Las cuales nos hacen pensar de éste cosas que no son, llegan a confundir a la sociedad, a las víctimas en particular.

En la medida que se descubra la realidad, quedará en evidencia que las mentiras en torno a los agresores, sólo sirven para perpetuar el dolor y el sufrimiento de las víctimas.

  • "Es un enfermo mental".
    • Falso, la mayoría de los agresores son gente "normal", que en general da muestras de tener un buen control de sus emociones.
    • No tienen conductas psicóticas o neuróticas en público.

    Su problema es control de emociones con las personas que dicen amar.

  • "La violencia sólo se da en hogares donde se consume alcohol o drogas".
    • Este es un mito muy extendido, que en cierto modo tiene la ventaja para los agresores de servir de justificativo para su agresión.
    • Numerosos estudios demuestran que no hay una correlación estrecha entre consumo de alcohol y drogas.
    • La adicción no es causal de la violencia.

    Algunos investigadores dicen; "es que los agresores consumen alcohol para convertirse en agresores".

  • "La mujer que es golpeada ha hecho algo para provocar dicha situación".
    • Este mito es defendido incluso por mujeres.
    • La mayoría de las veces no hay una "explicación" que permita entender la situación, incluso, se dan muchos casos que la relación marcha bien hasta que la mujer queda embarazada.

    Para muchos hombres, especialmente inseguros de sí mismos, el embarazo se muestra amenazante y suelen en ese momento tener arrebatos de violencia.

  • "Los agresores son gente ignorante y de bajo nivel social".
  • Este mito resulta ofensivo para mucha gente que no tiene preparación o no tiene un buen nivel social, pero en cambio es pacífico y no recurre a la violencia.

    Los agresores proceden de todo el espectro social y de todos los niveles educacionales.

  • "Los agresores son personas no creyentes que no tienen ningún tipo de religión".
  • La realidad es que hay muchos grupos religiosos que con sus interpretaciones sexistas avalan conductas violentas. Muchos agresores son creyentes, que asisten a congregaciones religiosas, pero sin embargo, maltratan a sus familias o a parte de sus integrantes.

  • "Los hombres violentos proceden de países tercermundistas".
    • Otro de los mitos vendidos por un cierto tipo de cine o televisión.
    • La realidad es que la violencia no desconoce nacionalidad, raza ni país.

    Es un fenómeno mundial, que tiene matices diferentes en distintos contextos culturales.

  • "Los hombres machistas son violentos".
    • Aunque el machismo crea las condiciones ideológicas para la violencia, suponer que todos los machistas son violentos es una exageración injusta.

    Hay hombres machistas que asumen una actitud proteccionista, sin recurrir a la violencia de género.



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